Seguramente habéis oído muchas historias sobre vampiros. Sí, esos seres blancos como la nieve, con sus ojos negros y penetrantes, sus magnificas habilidades y sus afilados colmillos, con los que succiona la sangre de sus presas. Desde esos vampiros melancólicos de la tele, hasta los más siniestros de los cuentos de terror. A lo largo de este tiempo he visto que los vampiros están muy de moda, que nunca faltan en las historias de miedo y que son unos de los primeros cuando se habla de mitos. Para mí, es un tema que no me atrae mucho la atención, ya que no creo que existan, pero me he puesto a investigar, a mirar al mundo con mucha más atención, a estudiar a la gente más detenidamente, por si esos seres existen. No es que crea en ellos pero, ¿os habéis puesto a pensar lo que supone su existencia? Por eso me he decidido a viajar a los lugares donde supuestamente viven los vampiros, lugares lluviosos, fríos y húmedos. Les pregunté a mis padres si teníamos algún familiar cerca de estos lugares y me dijeron que tenían a su abuela, en Grande Comore, una isla de las Islas Comore, en África. Un sitio bastante húmedo y lluvioso, y muy lejos de mi casa.
Les pedí a mis padres que me contaran más sobre la abuela, pero lo que oí no fue muy agradable. Me contaron de que no hablaba mucho, de que tenía un aspecto un poco apagado, que no soportaba el sol,que apenas comía, y que era muy distante. No dí mucha importancia a los extraños hábitos de mi abuela y preparé las maletas, ansiosa para comenzar mi investigación. Por suerte estaba en las vacaciones de verano, y mis padres me dejaron como mucho pasar dos meses con mi abuela, pero aún no estaban convencidos del por qué me quería ir con ella, así que les dije que todos nos merecíamos un poco más de atención, y ellos, finalmente, me dejaron ir.
El viaje en avión fue como una eternidad, perdí la noción del tiempo, y al mirar al reloj me di cuenta de que pasé más de 15 horas viajando. Finalmente, el avión aterrizó y, según las instrucciones de mis padres, mi abuela me esperaría en la sala de espera pero, por desgracia, no había nadie que se pareciera a ella. Esperé un buen rato hasta que vi a un hombre acercándose a mi. Tenía un aspecto muy siniestro y más bien parecía un mayordomo.
- Perdone, ¿es usted Dephnie Collins?, me preguntó el hombre siniestro.
- Sí,...soy yo, ¿quién es usted?
- Soy el ayudante de su abuela, la señora Elizabeth, y estoy aquí para acompañarla a su casa.
- Oh, de acuerdo...-el ayudante cogió mis maletas y nos subimos a lo que se parecía a una limusina-.
El trayecto hasta a casa fue muy silencioso, ninguno de los dos dijimos nada. Me parecía un poco raro que la abuela se permitiera un mayordomo, ya que nadie me contó de que tuviéramos algún familiar rico, además tenía el presentimiento de que mi viaje aquí no sería del todo agradable...Tardamos como una media hora hasta llegar a casa y, al ver la enorme mansión, me llevé una gran sorpresa. Era una casa estilo clásico, pero
siniestra. Casi como en las de las pelis de terror, vieja, con
torres y muchas ventanas. Para no sacar conclusiones precipitadas, decidí olvidarme de estos aspectos lúgubres y empezar cuanto antes la investigación. Pero primero debía conocer a mi abuela, y los otros habitantes de la casa.
Al entrar en esta, era como volver a la edad media, con esos largos vestidos y grandes salas de baile. Por dentro todo era muebles de lujo, increíbles cuadros y numerosos espejos. El ayudante llevó mis maletas a mi habitación. Parecía un cuarto bastante agradable...con una cama de matrimonio, un escritorio, un armario gigante, un tocador con espejo, un magnifico cuadro, y otros fantásticos detalles. Estaba tan abstraída en mi ensueño que ni me di cuenta de que el mayordomo me estaba hablando.
- Señorita Dephnie, la señora Elizabeth, la está esperando en su despacho. Esta es su habitación, espero que se sienta muy cómoda durante su estancia aquí. Mi nombre es Hugo, si necesita algo más no dude en pedírmelo. Ahora sigame, le enseñaré el despacho de su abuela.
- Muchas gracias...- y sin decir nada más, le seguí hasta el estudio de mi abuela-.
Pasamos por un largo pasillo hasta llegar al despacho. Entre tantas salas pude distinguir algunas habitaciones, dos cuartos de baños, una biblioteca y...el estudio de mi abuela.
- Señora Elizabeth, aquí está su nieta, la señorita Dephnie.- dijo Hugo.
- Sí...entren.- contestó mi abuela.
De inmediato me encontré en el interior de la magnífica oficina de mi tía-abuela. Todo era tan acogedor, con una inmensa chimenea, un gran escritorio y detrás una enorme biblioteca. Luego sentada en el sillón, la vi a ella, era muy hermosa...y, muy joven...Al verme, me echó un rápido vistazo y luego dijo:
- Hmmm....Tu debes de ser Dephnie...Encantada de conocerte.
- Encantada de conocerla también...
- ¿Qué tal el viaje?
- Muy largo...
- ¿Has visto ya tu habitación?
- Sí...es muy bonita..
- Me alegro...Ah, ¿tienes hambre?
- No, pero gracias.
Aún no me podía creer que "mi abuela" fuese tan joven y hermosa. Tenía una piel extremadamente pálida, unos ojos color opaco y pude percibir de que tenía los colmillos más largos en comparación con los de las otras personas normales. La verdad es que no tenía demasiada información acerca de los vampiros y era normal que no supiera los más mínimos detalles sobre su aspecto o comportamiento; así que me puse a pensar donde se encontraba la biblioteca en esa enorme mansión. Para romper el silencio, decidí preguntarle a mi abuela:
- Tiene una bonita casa, me encanta el estilo antiguo y lujoso que le ha dado. Todo esto tendrá que haberle costado mucho, ¿ verdad ?
- Sí, hemos invertido mucho dinero en esta casa.
- Y...¿en qué trabaja exactamente?
- Soy arquitecta...Me encanta mucho mi trabajo, siempre está por delante de cualquier cosa, por eso paso mucho tiempo en mi despacho, sin salir, y apenas...sin comer.
- Y aparte del trabajo, ¿qué más le gusta hacer? ¿ Por ejemplo sus aficiones?
- Me gusta mucho la lectura. ¿ Y a ti ?
- Pues si le digo la verdad, soy una aficionada a la lectura...¿ No sabrá por casualidad donde está la biblioteca, ya sabe para pasar el tiempo ?
- Por supuesto , de hecho tenemos una biblioteca gigante aquí, en la casa.
- ¿Sí? ¡ Qué bien!
- Hugo...¿Serías tan amable de acompañar a la señorita Collins a la biblioteca, por favor?
- Por supuesto señora.
- Pues bien entonces, elije los que quieras Dephnie. ¡Que te diviertas!
- ¡Muchas gracias! Bueno, hasta luego.
- ¡Claro! Nos veremos en la cena.
- Sí.
Y salimos de la habitación. De nuevo, me encontraba a solas con Hugo, el mayordomo. Era muy incómodo estar con él, ya que si no le hablabas, no te dirigía la palabra, no le gustaba iniciar una comunicación. Volví a pensar en mi abuela... solo había dos posibilidades: o era una vampiro o tuvo a sus hijos lo más temprano posible, y con el tiempo, para no envejecer, se echaba cremas y más cremas. No sé cual de las dos tenía más sentido... Mientras seguía sumergida en mis pensamientos, ya me encontraba en la biblioteca.
- Hemos llegado a la biblioteca, señorita Collins.
- Gracias.
La sala era efectivamente enorme, redonda, con estanterías por todos lados, altas hasta llegar al techo y, en el centro, una mesilla con sillones a su alrededor. No podía perder mucho tiempo allí, así que me puse a buscar el libro de vampiros por el que había venido.
Tras ver que esto no funcionaba, que buscar un libro entre miles que habían allí era como buscar una aguja en un pajar, me pregunté si Hugo me podría ayudar, de hecho seguramente él sabía mejor que nadie, la ubicación de cada cosa.
- Hugo, esto....¿me podría ayudar en una pequeña cosa?
Él, que llevaba un rato observándome, se acercó a mi y me preguntó.
- ¿Qué libro está buscando exactamente?
- Quisiera uno sobre mitos y seres mitológicos. ¿Tiene alguno?
- Sí, aquí tiene.(....) ¿Le interesa mucho el tema? -- Hugo me entregó un libro bastante viejo, lleno de polvo.--
- La verdad es que sí. Quería documentarme un poco más sobre los vampiros.
Al oír eso, su expresión cambió de repente. Esta era mi oportunidad de atacar, de presionarle.
- ¿Sabe algo sobre el tema?
- Eh...No....Disculpeme, tengo que irme.
- Si por supuesto. Buenas noches.
- Buenas noches señorita.
Y se fue. Me quedé casi toda la noche leyendo aquel libro. No era más de lo que yo sabía. En él habían historias de como se formaron, algunas leyendas, metáforas, imágenes, etc. Al acabarlo, me dí cuenta de que eran más de las cinco de la madrugada. Inmediatamente, me dirigí a mi habitación, llevándome el libro conmigo, pensando en poder dormir, tras la duda de si los habitantes de aquella casa eran o no, unos vampiros.
Justo antes de entrar en mi habitación, vi como una sombra al final del pasillo; esta se alejaba con una rapidez impresionante. La verdad es que como era oscuro, lo más probable es que fueran imaginaciones mías. Entré en la habitación, e intenté reconcilar el sueño.
Les pedí a mis padres que me contaran más sobre la abuela, pero lo que oí no fue muy agradable. Me contaron de que no hablaba mucho, de que tenía un aspecto un poco apagado, que no soportaba el sol,que apenas comía, y que era muy distante. No dí mucha importancia a los extraños hábitos de mi abuela y preparé las maletas, ansiosa para comenzar mi investigación. Por suerte estaba en las vacaciones de verano, y mis padres me dejaron como mucho pasar dos meses con mi abuela, pero aún no estaban convencidos del por qué me quería ir con ella, así que les dije que todos nos merecíamos un poco más de atención, y ellos, finalmente, me dejaron ir.
El viaje en avión fue como una eternidad, perdí la noción del tiempo, y al mirar al reloj me di cuenta de que pasé más de 15 horas viajando. Finalmente, el avión aterrizó y, según las instrucciones de mis padres, mi abuela me esperaría en la sala de espera pero, por desgracia, no había nadie que se pareciera a ella. Esperé un buen rato hasta que vi a un hombre acercándose a mi. Tenía un aspecto muy siniestro y más bien parecía un mayordomo.
- Perdone, ¿es usted Dephnie Collins?, me preguntó el hombre siniestro.
- Sí,...soy yo, ¿quién es usted?
- Soy el ayudante de su abuela, la señora Elizabeth, y estoy aquí para acompañarla a su casa.
- Oh, de acuerdo...-el ayudante cogió mis maletas y nos subimos a lo que se parecía a una limusina-.
El trayecto hasta a casa fue muy silencioso, ninguno de los dos dijimos nada. Me parecía un poco raro que la abuela se permitiera un mayordomo, ya que nadie me contó de que tuviéramos algún familiar rico, además tenía el presentimiento de que mi viaje aquí no sería del todo agradable...Tardamos como una media hora hasta llegar a casa y, al ver la enorme mansión, me llevé una gran sorpresa. Era una casa estilo clásico, pero
torres y muchas ventanas. Para no sacar conclusiones precipitadas, decidí olvidarme de estos aspectos lúgubres y empezar cuanto antes la investigación. Pero primero debía conocer a mi abuela, y los otros habitantes de la casa.
Al entrar en esta, era como volver a la edad media, con esos largos vestidos y grandes salas de baile. Por dentro todo era muebles de lujo, increíbles cuadros y numerosos espejos. El ayudante llevó mis maletas a mi habitación. Parecía un cuarto bastante agradable...con una cama de matrimonio, un escritorio, un armario gigante, un tocador con espejo, un magnifico cuadro, y otros fantásticos detalles. Estaba tan abstraída en mi ensueño que ni me di cuenta de que el mayordomo me estaba hablando.
- Señorita Dephnie, la señora Elizabeth, la está esperando en su despacho. Esta es su habitación, espero que se sienta muy cómoda durante su estancia aquí. Mi nombre es Hugo, si necesita algo más no dude en pedírmelo. Ahora sigame, le enseñaré el despacho de su abuela.
- Muchas gracias...- y sin decir nada más, le seguí hasta el estudio de mi abuela-.
Pasamos por un largo pasillo hasta llegar al despacho. Entre tantas salas pude distinguir algunas habitaciones, dos cuartos de baños, una biblioteca y...el estudio de mi abuela.
- Señora Elizabeth, aquí está su nieta, la señorita Dephnie.- dijo Hugo.
- Sí...entren.- contestó mi abuela.
De inmediato me encontré en el interior de la magnífica oficina de mi tía-abuela. Todo era tan acogedor, con una inmensa chimenea, un gran escritorio y detrás una enorme biblioteca. Luego sentada en el sillón, la vi a ella, era muy hermosa...y, muy joven...Al verme, me echó un rápido vistazo y luego dijo:
- Hmmm....Tu debes de ser Dephnie...Encantada de conocerte.
- Encantada de conocerla también...
- ¿Qué tal el viaje?
- Muy largo...
- ¿Has visto ya tu habitación?
- Sí...es muy bonita..
- Me alegro...Ah, ¿tienes hambre?
- No, pero gracias.
Aún no me podía creer que "mi abuela" fuese tan joven y hermosa. Tenía una piel extremadamente pálida, unos ojos color opaco y pude percibir de que tenía los colmillos más largos en comparación con los de las otras personas normales. La verdad es que no tenía demasiada información acerca de los vampiros y era normal que no supiera los más mínimos detalles sobre su aspecto o comportamiento; así que me puse a pensar donde se encontraba la biblioteca en esa enorme mansión. Para romper el silencio, decidí preguntarle a mi abuela:
- Tiene una bonita casa, me encanta el estilo antiguo y lujoso que le ha dado. Todo esto tendrá que haberle costado mucho, ¿ verdad ?
- Sí, hemos invertido mucho dinero en esta casa.
- Y...¿en qué trabaja exactamente?
- Soy arquitecta...Me encanta mucho mi trabajo, siempre está por delante de cualquier cosa, por eso paso mucho tiempo en mi despacho, sin salir, y apenas...sin comer.
- Y aparte del trabajo, ¿qué más le gusta hacer? ¿ Por ejemplo sus aficiones?
- Me gusta mucho la lectura. ¿ Y a ti ?
- Pues si le digo la verdad, soy una aficionada a la lectura...¿ No sabrá por casualidad donde está la biblioteca, ya sabe para pasar el tiempo ?
- Por supuesto , de hecho tenemos una biblioteca gigante aquí, en la casa.
- ¿Sí? ¡ Qué bien!
- Hugo...¿Serías tan amable de acompañar a la señorita Collins a la biblioteca, por favor?
- Por supuesto señora.
- Pues bien entonces, elije los que quieras Dephnie. ¡Que te diviertas!
- ¡Muchas gracias! Bueno, hasta luego.
- ¡Claro! Nos veremos en la cena.
- Sí.
Y salimos de la habitación. De nuevo, me encontraba a solas con Hugo, el mayordomo. Era muy incómodo estar con él, ya que si no le hablabas, no te dirigía la palabra, no le gustaba iniciar una comunicación. Volví a pensar en mi abuela... solo había dos posibilidades: o era una vampiro o tuvo a sus hijos lo más temprano posible, y con el tiempo, para no envejecer, se echaba cremas y más cremas. No sé cual de las dos tenía más sentido... Mientras seguía sumergida en mis pensamientos, ya me encontraba en la biblioteca.
- Hemos llegado a la biblioteca, señorita Collins.
- Gracias.
La sala era efectivamente enorme, redonda, con estanterías por todos lados, altas hasta llegar al techo y, en el centro, una mesilla con sillones a su alrededor. No podía perder mucho tiempo allí, así que me puse a buscar el libro de vampiros por el que había venido.
Tras ver que esto no funcionaba, que buscar un libro entre miles que habían allí era como buscar una aguja en un pajar, me pregunté si Hugo me podría ayudar, de hecho seguramente él sabía mejor que nadie, la ubicación de cada cosa.
- Hugo, esto....¿me podría ayudar en una pequeña cosa?
Él, que llevaba un rato observándome, se acercó a mi y me preguntó.
- ¿Qué libro está buscando exactamente?
- Quisiera uno sobre mitos y seres mitológicos. ¿Tiene alguno?
- Sí, aquí tiene.(....) ¿Le interesa mucho el tema? -- Hugo me entregó un libro bastante viejo, lleno de polvo.--
- La verdad es que sí. Quería documentarme un poco más sobre los vampiros.
Al oír eso, su expresión cambió de repente. Esta era mi oportunidad de atacar, de presionarle.
- ¿Sabe algo sobre el tema?
- Eh...No....Disculpeme, tengo que irme.
- Si por supuesto. Buenas noches.
- Buenas noches señorita.
Y se fue. Me quedé casi toda la noche leyendo aquel libro. No era más de lo que yo sabía. En él habían historias de como se formaron, algunas leyendas, metáforas, imágenes, etc. Al acabarlo, me dí cuenta de que eran más de las cinco de la madrugada. Inmediatamente, me dirigí a mi habitación, llevándome el libro conmigo, pensando en poder dormir, tras la duda de si los habitantes de aquella casa eran o no, unos vampiros.
Justo antes de entrar en mi habitación, vi como una sombra al final del pasillo; esta se alejaba con una rapidez impresionante. La verdad es que como era oscuro, lo más probable es que fueran imaginaciones mías. Entré en la habitación, e intenté reconcilar el sueño.
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